El atletismo griego conoce una sola clase de salto: el salto en longitud con impulso: no se practica el salto en altura, ni en profundidad, ni con garrocha o pértiga; el salto sin impulso se admite únicamente a título de ejercicio preparatorio. Tampoco en este caso la técnica coincide con la nuestra: la carrera es más breve y menos rápida. El atleta se lanza desde un podium fijo (se utilizarían sin duda las instalaciones de la línea de salida del estadio) y cae sobre un piso mullido y aplanado; la prueba sólo era válida cuando las huellas de los pies quedaban nítidamente impresas en el suelo, de modo que se descartaban los resbalones, las caídas, y según parece, la caída con un pie más avanzado que el otro.
Pero, y eso es lo más importante, el atleta saltaba sosteniendo en las manos sendas halteras de piedra o de bronce, cuya forma era de dos tipos: o bien un sector esférico (ahuecado para facilitar la aprehensión), o bien una masa redondeada con un cabo o mango; su peso podía oscilar entre uno y cinco kilogramos.
El peso de las halteras servía para reforzar el juego de balanceo de los brazos, muy similar al que hoy realizamos en un salto en longitud sin impulso.
Lanzamiento de Disco. (IX). |