Se trata de una descoordinación entre corazón y cerebro que puede provocar una disminución considerable de la presión sanguínea, lo que hace que no llegue una cantidad suficiente del vital líquido a la cabeza. Desvanecimiento y pérdida de conciencia no se hacen esperar, pero, ¿por qué sucede?

El término castellano síncope procede del griego synkope, el cual significa literalmente cese, interrupción o pausa repentina, y médicamente se relaciona con la pérdida súbita, brusca, breve y transitoria de la conciencia, con incapacidad para mantenerse en pie, siendo su recuperación espontánea sin secuelas, en prácticamente todos los casos; en otras palabras, hablamos de un desmayo.

El más frecuente es el denominado vasovagal o lipotimia, el cual se suscita cuando hay descenso en la presión arterial, pero la frecuencia cardiaca baja en vez de acelerarse, pudiendo ocurrir al estar el afectado de pie o sentado; en personas jóvenes se conjunta con pródromos, es decir, una serie de síntomas que incluye calor, náuseas, debilidad, palidez, sudoración, frialdad de manos y pies.

Es común que suceda cuando se respira profundamente y se hace fuerza hacia abajo, pero no se deja salir el aire, lo que acontece, por ejemplo, al orinar, evacuar el intestino o toser durante mucho tiempo; no es raro que el afectado, antes de desmayarse, se sienta atontado y tenga sensación de vacío o sofoco.

En muy pocas ocasiones el síncope vasovagal ocurre si se está acostado, pero sí puede acontecer al incorporarse bruscamente, condición que se conoce como hipotensión ortostática o postural, y se debe a que la falta de fuerza en el bombeo de la sangre impide que ésta llegue adecuadamente al cerebro y le suministre oxígeno y nutrientes.

Ahora bien, es muy importante recordar que la frecuencia cardiaca es regulada automáticamente por el llamado sistema nervioso autónomo; éste, a su vez, se rige directamente por los sistemas simpático y parasimpático, siendo labor del primero acelerar el ritmo del corazón, mientras que el segundo disminuye la cadencia, para lo cual emplea al llamado nervio vago o neumogástrico.

Entonces, cuando la presión arterial baja (hipotensión) y la función cardiaca no logra alcanzar la esperada alza que debiera para compensar la situación, se suscita una estimulación vagal (de ahí el término “vasovagal”) que provoca un lento latido del corazón (bradicardia).

Por otro lado, se sabe que los neurotransmisores del sistema simpático (adrenalina y noradrenalina) se exaltan en situaciones de peligro —tensión o miedo, por ejemplo— y provocan que aumente la frecuencia cardiaca, pero si la presión arterial no responde en la misma frecuencia, el flujo sanguíneo al cerebro también decae y puede suscitarse un desmayo.

La disminución transitoria del flujo sanguíneo al cerebro a 40% de lo normal causa pérdida del estado de conciencia en un lapso de 8 a 10 segundos, de ahí que venga desvanecimiento al estar de pie, además de salivación, oscurecimiento visual, dilatación de la pupila, náuseas y confusión mental, y en algunos casos vómito y urgencia urinaria.

Lo hiperactividad del nervio vago favorece el color pálido y/o cenizo de la piel, sudación, erizamiento de los vellos corporales y, con frecuencia, el desplome de la persona afectada en unos segundos.

Para la recuperación del afectado se deben tener en cuenta las siguientes observaciones:

- Ladear la cabeza para que no se ahogue si hay vómito.
- Despejar el entorno para que circule más aire; evitar gente alrededor.
- Si está al aire libre, retírarlo del Sol.
- Aflojar todas las ropas y levantar sus piernas por encima del nivel del corazón, a fin de que la sangre llegue a la cabeza.
- Si por alguna circunstancia no se puede acostar al afectado, hacer que se siente e incline su cabeza lo más cercanamente a sus rodillas, lo cual ayudará a que la sangre se agolpe en el cerebro.
- Si el afectado se levanta rápidamente puede precipitar otro nuevo episodio; por ello, sentarlo poco a poco.
- No se debe dar nada por boca (agua o medicamentos) hasta que recupere completamente el conocimiento.
- En la recuperación es útil la estimulación con frío en cuello y nuca.
- Si la causa es una posible hipoglucemia, una vez recuperado, hacerle beber un refresco rico en azucar.

La complicación más frecuente es una lesión muscular por la caída o, incluso, puede haber fractura de huesos, sobre todo en pacientes mayores de 50 años, en quienes el desmayo se asocia a problemas de corazón o neurológicos.

Por otra parte, aún cuando se ha mencionado que la recuperación no presenta problemas, que generalmente no hay secuelas tras un síncope vasovagal y que no precisa tratamiento, sí deben estudiarse los casos que se presentan en personas mayores, cuando los episodios sean muy repetidos o se presenten tras un esfuerzo, ya que pueden ser consecuencia de una enfermedad cardiaca que debe ser valorada por su médico con el fin de administrarle el tratamiento correspondiente.

Igualmente destacado es reiterar que la lipotimia puede afectar a personas sanas y que también suele asociarse a factores como calor ambiental o al impacto ante un suceso sorprendente.

Finalmente, se debe advertir que todos estamos expuestos a un síncope vasovagal, pero deben tener peculiar cuidado las personas que presenten disminución en sus niveles de azúcar en la sangre (hipoglucemia), pues ello determina que el sistema nervioso central deje de recibir la energía (en forma de glucosa) que requiere para funcionar con normalidad. En particular, se debbe llamar la atención de quienes sufren anorexia o bulimia.