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Veamos. Si un corredor es capaz de recorrer, diariamente, en 35 minutos 10 Km y le proponemos un entrenamiento donde deba recorrer la misma distancia en 50 minutos. Esta sesión no le producirá ningún beneficio ni avance físico ya que su cuerpo se encuentra adaptado a tal esfuerzo y no le supone ninguna alteración en su "rutina". Su organismo no necesita una acomodación extra.
Para que pueda producirse una mejora, una adaptación que implique esta mejora, es necesario someter al organismo a una variación de cargas e intensidades, lo suficientemente efectivas, para que el estimulo se produzca, y por lo tanto, la adaptación a dicho estímulo.
Para ello, se deben tener en cuenta una serie de fronteras o límites, fuera de los cuales, la nueva adaptación puede llegar a no conseguirse o a secundar la "pasada de forma"
Existe una barrera por debajo de la cual el estímulo aplicado no produce ningún efecto y la adaptación es inexistente, la zona de esfuerzo adaptable.
Existe también una zona de sobreesfuerzo, que límita los posibles riesgos para la salud, si esta barrera se sobrepasa, tampoco se produce la adaptación y la mejora, además de perjudicarse seriamente la salud.
Es decir, la zona ideal sería aquella que esta entre estas dos fronteras. Esto traera como consecuencia un estímulo y también una mejora en nuestros progresos atléticos.
Bibliografía: Principios del Autoentrenamiento, Editorial GYMNOS. Mariano García Verdugo.
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